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Amuletos y Fetiches


Introducción

Desde la presencia en la tierra de las más remotas civilizaciones, se ha creído en la creencia del espíritu que entra en un cuerpo, sea un ser humano, un animal o incluso un ser inanimado. Una vez que nació la religión y esta comenzó a evolucionar, prevaleció dicha creencia, que recibe el nombre de fetichismo. Primero, el espíritu de un fetiche se creía que pertenecía al fantasma de un hombre muerto. Posteriormente, se incorporaron las ideas sobre almas, espíritus y posesión demoniaca, porque se creía que en los fetiches, lo que residían eran los espíritus más elevados.

Creer en los fetiches

Desde muy antiguo se han asociado los hechos extraordinarios a los fetiches, por tanto el azar dio origen a muchos de ellos. De ahí que por ejemplo que los objetos que aparecían en sueños también eran convertidos en fetiches, o los volcanes y los cometas. Asimismo, el hombre primitivo creía que los meteoros y las estrellas fugaces era una premonición de que diversos espíritus especiales iban a llegar a la tierra.
Los primeros fetiches de los que se tiene constancia fueron pequeñas piedras que presentaran marcas significativas, y por eso desde ese momento, el hombre fue buscando lo que serian para él las piedras sagradas, como un simple collar con piedrecitas, o el Kaaba, o la Piedra de Scone. No solamente las piedras entraban en la categoría de fetiches, sino también el agua y el fuego, como elementos de la naturaleza. Esto nos ha llegado hasta nuestros días, en pleno siglo XXI, ya que no hay más que fijarse en la adoración por el fuego, especialmente en la Noche de San Juan, o en la creencia en las virtudes del agua bendita.
Conforme fue pasando el tiempo, se creyó en los arboles como fetiches de la naturaleza, y esto hizo que los seres humanos creyeran que algunas frutas se volvían fetiches y constituyera un gran tabú el comerlas. La primera fruta fetiche fue la manzana, y como ejemplo ha llegado a nuestros días que algunos pueblos primitivos de la península ibérica no la comían nunca.
Por otro lado, si un animal comía carne de un humano, también se volvía fetiche; de ahí que el perro fuera animal sagrado para el pueblo Perseo. Y al contrario, cuando los animales se volvieron fetiches, entonces se considero tabú comer la carne de dicho animal. Por su semejanza con los seres humanos, los monos y los simios fueron fetiches desde muy pronto, así como los cerdos, las aves y las serpientes. Curiosamente, aunque la vaca fue fetiche, su leche era tabú.
La serpiente fue un animal adorado en Palestina. Los fenicios y los judíos decían de ella que era el vocero de los espíritus dañinos y malignos, algo que ha llegado a nuestros días, pues a las serpientes se les atribuyen poderes mágicos.
En cualquier caso, si el animal es fetiche y en el reside un fantasma de forma permanente, el fetichismo se transforma en reencarnación.
Con respecto a los días de la semana, algunos eran considerados fetiche. Por ejemplo, el martes y el viernes se tenían como días de mala suerte, y más cuando caían en 13, algo que ha llegado hasta nuestros días.
Hay muchos números que son considerados fetiche, sobre todo de la buena suerte, como el tres y el siete, aunque ya desde antiguo el cuatro era numero de la suerte porque coincidía con los cuatro puntos cardinales. Sin embargo, era mala suerte contar las posesiones como cabezas de ganado, arboles en propiedad, etc.
En el terreno sexual, no era el sexo un fetiche muy destacado en la vida del hombre primitivo, pues prácticamente se limitaba a la función reproductiva. La saliva era un fetiche muy apreciado, sobre todo para defenderse de malas influencias, ya que se ahuyentaba a los diablos si se escupía sobre la persona, de ahí que alguien se sintiera halagado si otro le escupiese, especialmente un anciano, porque era un símbolo de protección. El pelo y las uñas, especialmente si estaban muy crecidos, se consideraban también poderosos fetiches, al igual que otras partes del cuerpo, como el cordón umbilical o la calavera.
Por enfermedades o anomalías físicas, eran fetiches los niños tullidos, minusválidos y jorobados, pues se les suponía bajo la influencia de la luna. Los minusválidos psíquicos, como fetiches, o bien eran perseguidos hasta hacerlos morir o bien adorados hasta la histeria. Los venenos, el alcohol y los agentes intoxican tés se volvieron fetiches pues eran elementos que se les consideraba poseídos por los espíritus.
Un hombre fetiche era una especie de semidiós, sobre todo si llegaba a la categoría de genio, ya que se creía que era un espíritu sabio el que le poseía. Finalmente, los reyes, los sacerdotes y otros líderes de la Iglesia, ejercieron una autoridad casi ilimitada por su carisma como fetiches.

Evolución del fetiche

Ya que el hombre primitivo pensaba que los fantasmas preferían permanecer en un objeto que había pertenecido a ellos estando vivos, de ahí viene la creencia en muchas de las modernas reliquias, como por ejemplo los restos de esqueletos de santos o peregrinaciones a sus tumbas. Creer en fetiches y magia se considera pagano, pero se le daría un poso de dignidad y se aceptaría mas naturalmente aceptar milagros o reliquias.
Los templos y santuarios fueron también desde un principio sitios fetiche, al igual que los altares, esto último sobre todo por parte de los israelitas. Los monumentos fúnebres, los ídolos y las imágenes en piedra también lo eran, puesto que se pensaba que los espíritus entraban dentro de la imagen, sobre todo si esta era consagrada. Poco a poco, este culto a las imágenes como fetiche fue derivando a un culto similar pero por las palabras, hasta llegar incluso a la doctrina inspiradora de cierto temor. De hecho, la práctica de muchas personas de abrir una Biblia y escoger un párrafo al azar, se considera un acto de fetichismo.

Los tótems

El tótem, que nació como un símbolo de un grupo y de su dios, evoluciono hasta convertirse en la actual bandera de los países del mundo. El totemismo es una mezcla de observación social y religiosa. Por ejemplo, antiguamente se creía que si se adoraba a un animal totémico de origen biológico aseguraba el alimento durante una larga temporada.
Otro fetiche de origen totémico es la conocida como bolsa fetiche, que era una cartera conteniendo una gran variedad de género impregnado por fantasmas y espíritus, y no podía tocar nunca el suelo, al igual ocurre con las banderas actuales.

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